sábado, 29 de noviembre de 2008

Yes, we can.

Como hacía días que no me ponía especialmente pedante, sé que estáis deseando que lo haga de nuevo, de modo os expondré mis reflexiones sobre mente y realidad.

Quisiera comenzar con una primera constatación: el impacto que un hecho concreto tiene en el neurocórtex se basa en la reestructuración, física, de la distribución neuronal en el lóbulo cerebral correspondiente. Esta reestructuración puede comportar cambios fundamentales en la percepción que tenemos de nuestro entorno. Es lo que se denomina autoimagen. Y eso te puede cambiar para siempre. Cada cerebro crea su propia autoimagen. De hecho, el mundo, tal y como lo percibimos, no es más que la imagen que nuestra mente crea del mismo en función de esas estructuras maleables.

Dada mi mentalidad hipercientífica, esta explicación maravillosamente neuropsicológica me permitió comprender, entre otras cosas, por qué es posible cambiar de opinión, de visión del mundo o de gustos y preferencias a lo largo de la vida. Pero no explicaba el cómo.

Hace uno días hallé la respuesta, cuando concluí la lectura del ensayo de Eduard Punset “Viaje a la felicidad”, en el cual afirma que la repetición de acciones, de todas nuestras acciones, influye de forma categórica en el cambio del neurocórtex. Todo lo que hacemos cada día, y más aún, lo que pensamos y cuántas veces lo pensamos al día, determina la restructuración citada. Ello moldea, literalmente, la organización neuronal y constituye el armazón de lo que llamamos, como ya he dicho “la visión del mundo”. Así, repitiendo una y otra vez acciones encaminadas en una misma dirección, con un mismo objetivo, es posible conseguir, en un plazo variable según las circunstancias particulares y las experiencias vividas por cada cerebro, una modificación real de su neurocórtex y, por lo tanto, en cómo se percibe el mundo...en definitiva, de la autoimagen.

Supongo que ya habréis llegado a la misma conclusión aterradora que yo cuando vislumbré las consecuencias de esta afirmación: es posible cambiar el mundo, pues, cambiando la autoimagen.

La segunda constatación es el carácter multidisciplinar, o dicho de forma más políticamente correcta, la transdisciplinariedad, del conocimiento de la mente humana. Si podéis, conseguid una copia de la serie televisiva dirigida y protagonizada por James Burke titulada “The Real Thing”. Burke es historiador de la ciencia, no neuropsicólogo. La vi por primera vez cuando tenía poco más de 20 años y, como es natural, creí entender el mansaje último que transmitía, pero no fue hasta que leí el ensayo de Punset, que mi cerebro pudo conectar ambos, coincidentes, pero desde puntos de vista distintos. Burke afirma que la realidad, entendida como el conjunto de estímulos que nuestro sistema nervioso central obtiene del exterior, no es más que la estructuración que nuestro lenguaje articulado realiza de ellos una vez debidamente filtrados, ordenados e interpretados. El lenguaje es, pues, la realidad. ¿Veis la conexión? En tanto que la autoimagen se manifiesta en la plasticidad del neurocórtex, el lenguaje es el mecanismo de dicha variabilidad en la plasticidad.

Otro ejemplo de transdiciplinariedad nos lo da el budismo. Se atribuye al mismo Buda la afirmación siguiente: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”. Siempre pensé que el lenguaje metafórico, como este, podía servir a las mentes menos hipercientifistas que la mía, pero releer esta idea después de haber sido iluminado por todo lo anteriormente expuesto me hace mirar el budismo con un respeto que no me despierta ninguna otra forma de pensamiento filosófico por el momento. Pero eso es otra historia.

Llegados a este punto, y una vez satisfecho mi ego con esta demostración de pedantería químicamente pura, quiero mostraros la veracidad de todo cuanto os he dicho. Supongo que aún recordaréis el renacimiento que hubo en mi vida tras esta partida con Mario y Lorena. Aquella epifanía, modificó para siempre mi neurocórtex, y con ello mi autoimagen del mundo. Fue un acto pasivo, no inducido por mi voluntad expresa en ese sentido. Pero sí fue el punto de inicio de una prueba por mi parte para modificar dicha autoimagen de forma inducida. Decidí pensar, y decir en voz alta siempre que tenía oportunidad, repetidamente la misma afirmación: “Quiero más tías en el club”. Hago hincapié en lo de decir en voz alta porque si te oyes a ti mismo decirlo una y otra vez, eso influye de manera más directa en la reestructuración. Supongo que seréis lo suficientemente perspicaces para haberos percatado de que eso es exactamente lo que hacen los mantras. Lo único malo del proceso es que cuando vas por el metro diciendo en voz alta “quiero más tías en el club”, “quiero más tías en el club”, “quiero más tías en el club”…puede dar lugar a malentendidos con los demás usuarios colindantes, de modo que, en contextos similares, recomiendo susurrarlo en voz baja.

¿El resultado? Os presento a Ana.

Juega a Flames of War (FoW), un reglamento de segunda guerra mundial con miniaturas. Todo cuanto percibí en Lorena lo puedo hacer extensivo a ella. Hace tiempo que la veía por el club, pero como los de segunda guerra mundial juegan en el subsótano 2 y nuestra comunidad lo suele hacer en el primero, ¡no había reparado que venía a jugar! Estaba convencido de que venía a acompañar a su pareja, que es jugador desde hace tiempo, y poco más.

Así que Yes, we can. Este es mi mensaje a todos los frikis de mundo. Sí es posible cambiar el mundo, y todo gracias a Buda, Burke y Punset. Curiosa trinidad, sin duda. Ahora viene la parte más difícil de la vida. ¿Qué hacer cuando los sueños se hacen realidad? En el ensayo de Punset, él mismo afirma que se es más feliz cuando estás a punto de conseguir lo que deseas que cuando lo consigues finalmente. Afirma que “La felicidad está en la antesala de la felicidad”. De modo que, ¿qué haré cuando haya conseguido mi siguiente objetivo?

(Voy a ligarme a Petra Verkaik, voy a ligarme a Petra Verkaik, voy a ligarme a Petra Verkaik, voy a ligarme a Petra Verkaik…)

PD. Por cierto, este es el aspecto de una partida de (FoW). Como podéis ver, no somos los únicos que recurrimos a las cartulinas para simular accidentes de terreno :).


4 comentarios:

Nameless dijo...

Entonces, si no lo he entendido mal, se supone que si tu puedes cambiar el mundo esta mujer acabará jugando a DBMM ¿NO?

Y una pregunta más ¿la pedantería afecta o no afecta al neurocortex? ;OP

David Cantó dijo...

Me temo que ambas preguntas exigen de disquisiciones tan extensas y eruditas como la expuesta en esta entrada. Como comprenderás, no hay espacio aquí para exponerlas en detalle, así que ya veo que tendré que dedicar otras dos entradas en el futuro para saciar tu curiosidad...XD

Erwin dijo...

Si hacemos un corro y pensamos todos lo mismo
¿ganaremos tiempo, señor profe?

David Cantó dijo...

Ja, ja...pues no te extrañe :D