domingo, 10 de agosto de 2008

Némesis

Los que son un poco conocedores de la mitología griega clásica saben quién es la diosa Némesis. Entre sus varios atributos, destaca el de castigar la desmesura. Citando la entrada de mi enciclopedia:

“Sus sanciones tienen usualmente la intención de dejar claro a los hombres que, debido a su condición humana, no pueden ser excesivamente afortunados ni deben trastocar con sus actos, ya sean buenos o malos, el equilibrio universal.”

La partida de hoy era un auténtico desafío a Némesis. Y estaba encarnada en el cuerpo de Benjamí llevando un ejército Dailami. La imagen, por sí sola, ya me resultaba terrorífica.


Este es uno de los mejores jugadores de DBMM de Alpha. El ejército Dailami es el ideal para aplastar ejércitos masivos de Warband como el mío, y nuestros dos últimos encuentros habían sido dos victorias contra sendos ejércitos suyos de Elefantes y Caballeros con Elefantes respectivamente. Si a ello añadimos la escalofriante frialdad y el control de las emociones de Benjamí, como quedará pronto de manifiesto, parecía claro que hoy Némesis restablecería el equilibrio universal.

Esta es la ficha técnica de la partida.

Puntos: 400
Su ejército: Dailami Dynasties. Libro 3. (atacante)
Yo: Prussian. Libro 4. (defensor)
Hora de inicio de la batalla: 9:00 (ya es de día)
Condiciones climatológicas: ¡Fuertes vientos soplando del sureste! Eso es malo para mis arqueros. Y lo peor es que es una inclemencia meteorológica permanente.

He aquí el despliegue inicial.


En esta ocasión sólo había un único hueco amplio en el que ubicar mi infantería. Lo malo era que era demasiado ancho, de modo que también desplegué mi caballería para cubrir mi flanco derecho. Nuevamente, mi estratagema de guías estaba cerca precisamente de la caballería por si pudiera dar una sorpresa a Némesis.

Pero Némesis mostraba su rostro impertérrito, casi ajeno a la batalla. La imagen viva de la seguridad. Es la ausencia de temor en el otro aquello que produce más temor uno mismo.


De momento tenía otras preocupaciones más próximas. La primera el maldito fuerte viento del sureste. Tal como estaba el despliegue, no resultó ser tan terrible como esperaba. Mis arqueros podrían tirar en condiciones.

La segunda preocupación era la combo de tropas desplegada ante mí. ¡El 85% de los elementos enemigos era (S)! El grueso constituido por Auxiliares con apoyo trasero de Psiloi. Luego un importante número de Caballería (S) y, cómo no, el inefable Elefante. Confieso que esperaba una mayor presencia de proboscídeos. Esta batalla me confirmó que no son tan importantes contra Wb.

Pero lo peor era la firmeza en el rostro de Némesis. Yo siempre me suelo tambalear de pié de un lado a otro al inicio de la partida. Es un tic nervioso de nacimiento. Némesis, en cambio, no necesitaba levantarse de la silla.


Comienza la batalla. Muevo yo primero y, afortunadamente, mis dos aliados son decididos. Avanzo en bloque para abalanzarme sobre ellos. Mis Arqueros en primera fila deben romper si línea para, luego, soltar a los Wb detrás impetuosos. Con mi orientación actual respecto de la del viento, no tendré efectos negativos sobre el tiro si lo realizo dentro del ángulo de 45º a izquierda y derecha del mismo.


Sólo con que me desvíe un pelo hacia la derecha y estaré fuera del ángulo, ¡con lo que el alcance pasa a ser de 240 a tan sólo 80p!

Mi Caballería también avanza prudentemente, sin prisas. Aquí no debo lucha, tan sólo contener. De momento no vale la pena usar la estratagema de guías. De hecho, tal como está el despliegue, no creo que me sea útil en ningún momento.


Cuando los Dailami mueven, se limitan a avanzar su ala derecha. En ese instante sacan una emboscada del bosque todavía aún más a su derecha. Recuerdo entonces a mi oponente que no es posible emboscar tropas que no sean ligeros ni sus generales a menos de 800 p del borde lateral de la mesa, situación que no cumplían tales Caballerías. En compensación por el error, se decide que desplieguen completamente atrás en el área de despliegue aunque dentro de los 800 p. Técnicamente no es legal, pero tampoco desvirtúa excesivamente la situación global. Ahora sé que hay más Caballería (S) por derrotar. ¡Uf!


En su ala opuesta, su Caballería sí que se arroja contra la mía. No me gusta. Tiene las de ganar por la calidad y cantidad de tropas enemigas presentes.


En mi turno decido una retirada temporal inmediata. Lo importante es que la masa de Wb llegue cuanto antes e impacte contra su línea. Aquí hay que marear la perdiz cuanto sea posible.


Sigo avanzando en el centro a buen ritmo. Némesis no se altera ni un ápice. Yo, cuando sea mayor, quiero ser así.


Entonces el avance de su Caballería izquierda se detiene y despliega. Ello me permite volver a avanzar con cautela para no permitir un acceso fácil a mi centro.


En su derecha, divide su línea en dos grupos. Avanza variando con su general con la intención seguramente de barrer mis Psiloi para, luego, tener paso libre al flanco de mis Wb. El Elefante es dejado en reserva. En ese instante suspiré aliviado. Aún no sabía lo que me esperaba. Afortunadamente para mí, su Caballería apenas pudo avanzar.


Su centro también avanzó, abandonando su posición en el bosque. Primer intercambio de tiro y su línea queda quebrada. Ideal para mi carga, pero está demasiado lejos como para que pueda contactar en bloque. Lo ideal sería una segunda ronda de tiro, pero eso le permitiría cargarme él a mí contra mis débiles arqueros. Una lástima.


En mi derecha, la mejor forma de romper su grupo es enviar a algunos voluntarios para que su Caballería pierda el tiempo en matarlos. Mis Caballerías quedan a la expectativa. Veo que su avance le ha aproximado mucho a la marisma. No creo que se atreva a entrar en ella estando tomada por mis Psiloi. Esperaremos acontecimientos mientras el centro decide.


Que así sea. Suelto a los impetuosos, que arrollan a los Arqueros. El centro queda completamente roto, pero no quedará así por mucho tiempo. Sólo hay un único combate. Sospecho que luego me cargará él.


Eso sí, antes de lanzarlos locos, ordeno un ataque al flanco del grupo del general de su derecha. Un flanco siempre es un bocado apetecible.


El ataque al flanco sale mal y debo retroceder. Mientras, en su turno, efectivamente, me carga con su línea. Su Caballería avanza inexorablemente.

Su centro se alinea y me carga parcialmente. Muy atinadamente, prefiere alinearse que cargarme desordenado. Su general entra en combate.


En el centro no hay bajas, tan sólo avances suyos con retrocesos míos. Su general, al avanzar, ha quedado doblemente sobrelapado. Mi línea está muy rota, pero al próximo turno se alineará.


Los augurios son favorables. En mi izquierda destruyo a los dos elementos previamente flanqueados. Primera sangre. Y, aún mejor, el flanco de su general queda al descubierto. Esto tiene pinta de ir rápido. Un par de combates para matarlo y su mando ya estará muy tocado.


En mi ala derecha, empiezo a desplegar despacio mi caballería. No pienso cargar, pero tampoco voy a quedarme siempre a la expectativa. Esperaré que avancen más allá de la marisma. Mis Psiloi también van desplegándose.


Y al fin el esperado momento. Son estos brevísimos momentos los que realmente te abstraen de todo cuanto sucede alrededor. Es aquí y ahora cuando olvido cuanto me atormenta. Casi no me importa si luego gano o pierdo…casi.


En mi lado izquierdo cargo contra su general. Todo a pedir de boca. Un poco de suerte y reviento dos mandos en un mismo turno.


Hasta que sobreviene un día el inevitable gatillazo.

¡No he podido eliminar ni un solo elemento enemigo! Cometí el error imperdonable propio de todos los hombres. Némesis es implacable y cuando se pone a restituir el equilibrio universal, se pone en serio. Esto es fatal, porque en su turno me puede hacer mucho, mucho daño.

En mi izquierda, a la vez, Némesis había escogido a un acólito para mostrarme lo implacable de sus decisiones. El general enemigo había aguantado bien mi carga. Este fue el punto de inflexión a partir del cual todo iba a cambiar en ese lado. Pero aún no lo sabía.


Afortunadamente, el hecho de tener a un general en combate reduce sensiblemente su capacidad de maniobra. En su turno, tan sólo consigue cargar con una de sus Caballerías (S).


Con el centro ya enfrascado en combate, su Caballería izquierda comienza a reorientarse para apoyarlo. Su infantería avanza hasta la marisma. Es evidente que quiere empezar a crear un hueco lo suficientemente seguro como para abrirse y atacar el flanco de mi infantería.


Pero lo que me da miedo de verdad es su centro.

Enfrentar mis Wb (F) a sus Ax (S) en su turno puede ser terrible en caso de perder, ya que resto 2. ¡Incluso los empates me son perdedores! Espero aguantar.


Pero Némesis es implacable. Pierdo 7 elementos y él ninguno. Si malo fue el gatillazo, esto ya tiene síntomas claros de ser impotencia.

Empiezo a mover un poco mi derecha. Veo claro que no intentará atravesar la marisma con su Caballería, de modo que aproximo parte de mis Psiloi para intentar atacar su flanco.


En el centro tengo un breve respiro. Aunque pierdo dos elementos más, abro una brecha en su línea. Si no pierdo demasiados elementos aun podré aprovechar algún flanqueo en ese punto.

En mi izquierda tenía la posibilidad de eliminar a su general, que estaba flanqueado. Todo inútil. Pierdo el combate. El maldito se está creciendo a medida que está siendo más presionado. En este flanco ambos padecemos una escasez de Pips espantosa. Tenemos tropas de sobra para aprovechar posibles flanqueos del oponente, pero no hay manera. Y suerte para mí que su Caballería tampoco puede llegar.


Su turno. En el centro intenta cubrir la brecha con lo que puede, que es poco. Mientras que en su izquierda carga con más Ax(S). Cada vez que estamos en su turno me pongo a temblar.


Gracias a que su general en el centro está permanente en combate la disponibilidad de Pips también es reducida. Eso me da opciones, junto con la brecha abierta parcialmente antes. La clave es aguantar su turno.


En mi izquierda estoy acumulando baja tras baja. Su general está envalentonado y ahora me presiona el flanco.


Aguanto la embestida y ahora es mi turno. Vuelvo a flanquear al maldito general. Esta vez va a caer.


En el centro dejo a los impetuosos que se encarguen de ensanchar la brecha con flanqueos. Si ahora fracasan puedo empezar a considerar la derrota como inevitable.


En mi derecha no acabo de tirarme. Aún confío en que el centro me dará la victoria. Continuo desplegando la Caballería y aproximando los Psiloi al flanco enemigo.


Némesis vuelve a poner las cosas en su sitio. Su general flanqueado, proclamado ya oficialmente héroe, vuelve a salir airoso de su combate. Es de lo más frustrante. La impotencia es desoladora. Al menos, en contrapartida, abro la primera brecha en si infantería. No creo que me sea útil a estas alturas en este flanco, pero cada baja cuenta.


Y fue en este turno en el que comprendí realmente el proceder de Némesis. En esta ocasión me concedió a mí 7 bajas enemigas a cambio de ninguna mía. Estaba convencido que mi derrota era el paso inevitable para el reequilibrio universal después de mis victorias contra Benjamí, y no. El reequilibrio tiene lugar en cualquier momento, en cualquier instante. Tras este golpe en su centro, ahora sí tengo una verdadera oportunidad de ganar, aunque no será fácil.

Entonces pregunté si los Dailami no tenían Bagaje y mi oponente admitió haberse descuidado de desplegarlos sobre la mesa. Se trataba de Bagaje de mando para los tres generales. Con un poco de suerte, mis impetuosos darían buena cuenta de ellos. Por primera vez en la partida se me escapa suspiro de alivio. Normalmente debería hacer un comentario jocoso o sexual sobre esta victoria parcial y la masculinidad, pero la verdad es que en aquel momento sólo sentí alivio.


Otra muestra del hacer de Némesis fue la enésima victoria del general heroico de su derecha. Más bajas en su haber. Este flanco va a caer, es cuestión de tiempo, de modo que sólo me queda aguantar el máximo posible y arrastrar al infierno conmigo a cuantos pueda antes del final.


Y este último pensamiento mío es precisamente el que aplicaba Benjamí ahora en el centro. Intentaría debilitar mi centro tanto como pudiese.


En mi izquierda empiezo a atacar allí donde puedo y a dispersar mis tropas para que le cueste más a él tener que destruirlas luego una por una. Consigo milagrosamente un ataque en retaguardia sobre el Psiloi de apoyo del maldito general heroico. Otra oportunidad más para matarlo. Un par de flanqueos pueden ayudar a ir eliminado más Ax. Algunos impetuosos avanzan hacia el final de la mesa para distraer la atención de su Elefante, ahora que, seguro, iría a lanzarlo contra mí.


Ha llegado el momento de terminar con el centro. Los impetuosos se encargan de buscar los flancos y la retaguardias enemigas si necesidad de consumir órdenes. Es maravilloso. Esta es, sin duda, la mejor compensación para un ejército tan inmaniobrable como el prusiano. Su general, que ha aguantado bien hasta ahora, puede tener los segundos contados, ya que consigo atacar la retaguardia de su Psiloi de apoyo.


Me animo en la derecha y ataco su flanco. Némesis no ha permitido que sus Caballerías pudieran ir a reforzar su centro. No creo que lleguen ya a tiempo. Eso puede haberme salvado la partida.


Lo conseguí. Su centro está roto. He destruido 6 elementos, entre ellos su general. Hace tan sólo 6 turnos no lo hubiera ni imaginado. Némesis es temible.


Una vez más su general heroico supera su destino y sobrevive. Consigo eliminar dos elementos más de mi izquierda. Es un respiro importante, ya que me permite cierto margen de maniobra y su Caballería seguirá teniendo dificultades para llegar, aunque cada vez está más cerca. Aun así, yo ya tengo muchas bajas acumuladas en este lado.


Su turno. Finalmente su reserva de Elefantes entra en acción. Sólo una de sus Caballerías entra también en combate. Aun así, su general sigue estando en mala posición. Tengo otra oportunidad de hacerle daño.


En el centro reina el caos. Maravilloso, como siempre. Aquí es donde un jugador experimentado puede sacar lo mejor de sí mismo. Ahora ya no valen las cargas masivas ni los movimientos estratégicos deslumbrantes. Ahora es mover sólo aquellos elementos clave en un mar de opciones malas o peores. No diré que yo soy bueno en los momentos de caos (aunque estoy tentado, la verdad), pero sí admitiré con rotundidad que es uno de los mayores atractivos de este juego. Tener la necesidad de atacar en 8 puntos simultáneamente y, en cambio, poder hacerlo sólo en tres. Escoger entre perder dos elementos propios y matar uno suyo o perder cuatro propios a cambio de que ellos no lleguen a mi ala izquierda. Decidir quién vive y quién muere cuando no puedes hacerlo para todos. Amo DBMM.

Sus escasos supervivientes serán barridos en breve.


En mi derecha la carga no ha salido bien y es ahora él quien parece haber despertado de una letargia de malos Pips. Me carga en dos frentes y envía refuerzos hacia los Bagajes.


El destino, otra importante deidad griega que, seguro, ha intervenido hoy en la batalla, no ha permitido que el general heroico entre en el Hades. Al contrario, ha enviado a dos de los míos allí. Impresionante. No encuentro palabras para definir la dimensión épica de esta, ahora ya sí, semidiós. Si fuera un consuelo, diría que obligué al Elefante a retroceder, pero no lo es.


El centro pronto estará mucho más despejado. Ahora debo preocuparme de enviar refuerzos a ambos flancos, así como intentar comerme el máximo de sus Bagajes. Lo malo de tanto impetuoso fragmentado es que sólo puedes mover voluntariamente pocos elementos cada turno hacia donde deseas. Espero llegar a tiempo.


Mi flanco izquierdo está cada vez más presionado. Finalmente mi general ha sido contactado. Esto me va a dificultar todavía más maniobrar su mando. Aunque flanqueo una de sus Caballerías, su Elefante vuelva a la carga. He podido acercar unos Arqueros para tirar contra su general heroico. Si retrocede, contactará con uno de mis Psiloi, cosa que supondría un ataque en retaguardia para el siguiente turno. Necesito un poco de suerte.


En el centro sigo demasiado entretenido rematando huidos. Sólo puedo mover algunos elementos individuales a voluntad. El resto deben hacerlo impetuosos. Quiero lanzarlos rápidamente hacia el Bagaje, pero dentro del bosque mueven a mitad de velocidad. Me temo que su Caballería de refuerzo llegará antes.


Finalmente decido tirarme en serio en mi ala derecha. Cargo con la Caballería y los Psiloi, incluyendo un par de flanqueos.


Nuevamente, en mi izquierda el héroe hace de héroe. La flechas le resbalan. Aunque mato su caballería y a otro Ax, el Elefante hace su trabajo y mata otro de mis elementos.


En el centro las cosas no varían mucho, ya sólo le quedan dos grupos de infantería que no durarán mucho.

En mi derecha no hay bajas en ambos bandos. Pierdo el combate del flanqueo y me temo que ahora mi Psiloi será flanqueado.


La caída de mi izquierda se precipita. Finalmente su Caballería puede entrar en juego y se aproxima a mis tropas. El mando está a punto de quedar desmotivado.


En el centro sus dos restos de huidos acaban por desintegrarse y escapar del campo de batalla. Por desgracia, los refuerzos de Caballería han llegado a la altura del Bagaje. Me guste o no (y no me gusta nada) tendré que abalanzarme sobre ellos con los impetuosos.


Además, en su izquierda, decide cargar con dos de sus Caballerías y flanquear, como temía, a mi Psiloi.


Hasta que sucede lo inevitable. Otra baja más en mi izquierda y el mando está desmotivado. Ahora ya es sólo cuestión de tiempo que de rompa. Mi general está atrapado en el combate y no creo que dure mucho.

Primeras bajas en mi derecha. Pierdo dos elementos. Está claro que ahora voy a tener que presionar aquí con todo lo que tengo.


Pese a estar casi inmovilizado en mi izquierda, intento un flanqueo con mi general. Debo causar el máximo de bajas antes de desaparecer. Lamento la mala calidad de la imagen.


En el centro saco el inefable puto pito y me veo abocado de avanzar descontroladamente con los impetuosos. Al menos están orientados en la dirección correcta. Se dirigen hacia los Bagajes y sus refuerzos. Con suerte causaré más bajas. Un elemento solitario que estaba en un flanqueo es el único refuerzo involuntario que puedo enviar a mi maltrecha izquierda.


Ahora ya presiono en mi derecha con fuerza. Espero comerme su infantería para así no tener que eliminar muchas de sus Caballerías ante de desmotivarle.


Mi izquierda se derrumba. No sólo mi flanqueo no le hace ni cosquillas, sino que pierdo mi general. El equilibrio está restablecido. Él ha perdido un mando y yo ahora también. La batalla vuelve a comenzar, pero yo estoy muy fragmentado. Afortunadamente, él también.


Su derecha ahora es intocable para mí. Sólo puedo ganar la batalla destruyendo su izquierda. Tengo que lanzarme con todo lo que me queda contra ese flanco. Mientras, no he podido llegar al Bagaje. Sus refuerzos aparecen cuando por fin emerjo del bosque.


Los combates en mi derecha se recrudecen. Causo 4 bajas y me causan 2. Pagaría ahora mismo por mantener esa proporción. La presión obtiene sus frutos. Me flanquean y abren una brecha en la marisma, pero yo también amenazo su flanco.


Otro de los espectáculos estremecedores de DBMM es la huida en masa de un mando roto. Saber que ahora él tiene un mando disponible para concentrarse en mi centro me hace tragar saliva. Pese a todo, necesitará tiempo para conseguirlo. Debo darme prisa.


Lamento otra vez la mala calidad de la imagen, pero aun se percibe como me abalanzo contra sus refuerzos y Bagaje. Tarde o temprano rodearé a estos elementos y espero destruirlos. Aunque no se percibe, ¡uno de mis Wb ha alcanzado su Bagaje!


Sigo presionando en el lado decisivo. Con unos escasos Psiloi del centro consigo un importante efecto amenaza. Ahora incluso su general está muy comprometido. Un golpe de suerte y la batalla terminará pronto.


Está claro que cuanta más suerte necesito, menos me la concede Némesis. No causo ni una sola baja. Ahora cada turno que pasa sin causar bajas es decisivo.


Peor aún, los primeros combates en el nuevo centro de la batalla resultan fatales. Pierdo dos elementos. ¡Uno de ellos causado por el mismísimo Bagaje! Es inaudito.


Benjamí empieza a percibir que su flanco derecho no podrá hacer mucho por el otro. Ahora es él el que debe limpiar el campo de batalla de huidos. Su puño de hierro es la mejor arenga para mover a sus tropas.


Incluso su izquierda parece haber perdido ímpetu. Avanza algunas de sus tropas, pero no dispone de muchos combates ganadores.


Su derecha limpia rápidamente, pero sigue lejos del auténtico campo de acción.


Más mala calidad de imagen en el centro. Nuevo ataque a su Bagaje y los impetuosos ya están cara a cara contra la caballería.


Se acerca el momento clave. Tengo otra baja en mi mando, pero ahora me tocará mover a mí.


No sé qué le pasa a mi cámara, pero me está haciendo demasiadas fotos malas. Mi izquierda deja ya de existir. No puedo detener a nadie y en dos turnos habrán salido todos de la mesa. Veo claro ahora que no va a llegar a salvar su otro mando.


Este puede ser el turno decisivo. Carga general con todas las tropas disponibles sobre su ala. Esto puede ser el final.


Lo conseguí. Dos bajas más, que, junto con su mando central perdido y las bajas del otro flanco, suman la mitad de su ejército. He ganado.


Eso sí, su Bagaje había comenzado ya a manifestar síntomas de ser heroico también. No ha habido manera de saquearlo. Por otra parte, mi ejército estaba a tan sólo 4 puntos de moral de la derrota.


Se me escapa un prolongado suspiro de alivio. No es fácil ganar a Benjamí, y menos con un Dailami. Me permito recrearme en la imagen final de la batalla.



Victorias difíciles como esta son las que crean afición. A mí esto me compensa, con creces, una mala semana en el trabajo. A veces suelo incluso quedarme un rato en el club sin hacer nada que no sea gozar del sabor de una victoria como esta. Es aquí y ahora cuando sientes que ha merecido la pena dedicar tantas y tantas y tantas y tantas horas a estudiar el reglamento.

Aún así, hay un temor que no se aleja. Después de otra victoria más consecutiva contra Benjamí, ¿es esto lo que quería Némesis? Tres victorias seguidas contra todo pronóstico, ¿no alteran el equilibrio universal? Mientras gozaba del momento, no podía evitar oir un susurro: “Recuerda a Creso, recuerda a Creso”.

P.S. En principio, con la frase anterior debería terminar la crónica, pero como los pedantes no podemos evitar recrearnos en nuestra pedantería, para aquellos de vosotros que, sin duda, no sabéis de qué va eso de recordar a Creso, os dejo aquí un enlace en el que podréis culturizaros para poderos aproximar a mi nivel. Es este.


2 comentarios:

Payens dijo...

Boníssim!!

Enhorabona per aquest completíssim relat.

Soc un seguidor del DBMM, crec que és un gran joc i em sembla una llàstima que hagi quedat reduït el seu àmbit.

Blogs com el teu ens permet mirar com es juguen a altres llocs i evitar tàctiques i esquemes que es repeteixen dins d’un àmbit petit de companys.

Per quan un torneig nacional de DBMM? :-)

David Cantó dijo...

Moltes gràcies pel teu comentari. Si vius a prop de Barcelona podríem quedar per fer una partideta.

Quant al torneig, qui sap. Potser a l'any 2009. Tot depèn d'algú que vulgui fer l'esforç d'organitzar-ne un.