sábado, 2 de octubre de 2010

Barcelona DBMM Games Day 2010 (1ª parte)

Finalmente la crónica de la tercera edición de nuestro gran día del DBMM. En mi inmodesta opinión, hablar de éxito es poco. Dulce fruto recolectado tras tres años de siembra, muy a menuda dura y desagradecida. Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero ahora es cuando puedo demostrarlo: no estoy sólo. Casi una treintena de jugadores en una decena de mesas son mucho más que cifras. Son un regalo. La prueba de que la perseverancia y, sobre todo la pasión puesta por todos los asistentes, tienen su recompensa. Y esta fue la recompensa:

Sábado 25 a primera hora. Llego solo. Entrada trasera del local American Lake de Gavà, sede del evento.

Tras dedicar casi 10 minutos a llamar a la puerta sin obtener respuesta, un amable operario me indica, entre risas mal disimuladas, que la entrada principal se halla justo en el lado opuesto del edificio. Se lo agradezco con mal disimulada mala hostia y me dirijo raudo hacia allí.

Ahora sí, esta es la entrada principal.

La actividad en el interior era febril. Había que montar las mesas, pero el espacio era simplemente fantástico. Aquí la vista hacia el escenario.

Espacioso, bien iluminado, con aire acondicionado (gélido a aquellas horas) e hilo musical. Aquí la vista desde el escenario.

Rápidamente, me apodero del mismo y ya me pongo a dar órdenes.

Los jugadores han llegado en su gran mayoría y hay que empezar a organizarlos según los emparejamientos.

Este es el primer gran momento del día. Ser el centro de atención, ni que sea sólo para cantar los nombres de contendientes. Tu cabeza por encima de todas las demás, sus ojos expectantes en ti y su atención centrada en mis palabras. Inmejorable inicio de jornada.

Y aquí otra prueba (más) del éxito del evento. Nada menos que ¡SIETE! miembros de Despertaferro desplazados expresamente desde Palma para venir a jugar. En dos palabras, im-presionante.

Esto es poder de convocatoria, lo demás son tonterías :). Rápidamente comienzan las partidas individuales. Un total de 7 mesas. En cada una pusimos a un mallorquín con uno de los nuestros. Aquí algunas tomas:




Finalmente, de las comarcas gerundenses sólo puso asistir un representante, Quim, con su ya celebérrimo chino de papel.

Dada la avalancha de isleños, tuvimos que incorporar a Quim en el equipo local a la hora de contabilizar el número de victorias entre ellos y nosotros J. Una vez el evento en marcha, era el momento de hacer entrega oficial a los participantes del dado oficial conmemorativo que ya se ha convertido en imprescindible entre nosotros. Helo aquí.

Otro de los grandes atractivos de la jornada era la presentación de dos escenarios históricos. Aquí el primero, la batalla de Hydaspes, capitaneado por Carlos.

Como ya podéis imaginar, no explicaré nada al respecto porque eso es tarea del propio Carlos en su blog. Aun así, no puedo evitar colgar una instantánea del momento álgido de la batalla, en el que la falange está a punto de estrellarse contra el muro de elefantes.

Del segundo hablaré en la siguiente entrada del blog, pero en esta sí que incluyo la presencia de Marc con su variante de reglamento DBA para guerra de 7 años.

Se trata de un DBA modificado para jugar ese período concreto y que es obra exclusivamente de la mente privilegiada de Marc. Una creación muy interesante.

Y entonces, el segundo gran momento del día. Sin saber yo nada, se presentó un reportero de la televisión local a entrevistarnos.

Si mi ego ya había recibido una dosis rayana al límite de la tolerancia al inicio de la mañana, con esto excedió, con creces, la sobredosis. Efectivamente, yo también fui entrevistado.

Llegados a este punto, la tentación de detallar las sensaciones vividas en ese instante, en el que ultrapasé mi límite conocido de egolatría, es enorme. Pero lo malo (para vosotros) de ser razonablemente egoísta es que me lo guardaré para mí. Ego, ególatra, egoísta. Los tres rasgos que nunca pude poner en los test psicotécnicos para solicitar un puesto de trabajo, al fin juntos y aderezados por el cuarto que los potencia a todos; orgullo. Sólo por esto ya merecieron la pena los tres meses de organización previos.

Acabada la mañana, otro gran momento del día. Ir a comer. Un fantástico restaurante argentino especializado en pizzas nos permitió reponer fuerzas.

Tampoco entraré en detalles sobre los excesos calóricos de unas viandas que, literalmente, no me pude acabar. Mi estómago ha empequeñecido desde que inicié la dieta :(.

Antes podía zamparme una pizza mediana y lo que se presentase antes y después en forma de entremeses y postres. Ahora sólo me caben los postres, porque para el dulce mi estómago se dilata cuanto sea necesario con el objetivo de dar cabida a una explosión de glucosa en sangre. Como sigo defendiendo pese a la dieta, nunca hay infelicidad, sólo donuts de menos.

Recuperadas las fuerzas, a por la dura jornada de partidas de la tarde.