martes, 16 de marzo de 2010

Mis libros (2). Las vísperas sicilianas.

Os presento otro libro adquirido estas navidades y que ha pasado a engrosar mi biblioteca particular. Se trata de Las Vísperas Sicilianas, de Steven Runciman.

Me lo autoregalé porque, lo admito con pesar, sólo conocía los hechos de forma superficial. Me resulta divertido constatar que cuando afirmo ser un aficionado a la historia medieval y catalán todo el mundo da por supuesto que conozco al detalle el episodio de las vísperas sicilianas. Pues no, lamentablemente, hasta que leí el libro, sabía lo justito.

Me lo compré por el título exclusivamente. No tenía referencias del autor no de la editorial, pero creo que no es mala adquisición. Según la información biográfica del autor, fallecido el año 2000:

“La economía y la demografía le preocupaban poquísimo, los enfoques sociales le dejaban del todo frío, y no tenía paciencia ni dotes para el trabajo de archivo, que concedía a gentes de menos vuelo…”

Total que es un libro de historia narrada, no un ensayo de análisis. Es entretenido en el sentido que muestra los principales acontecimientos de forma cronológica, sin entrar a investigar los elementos de fondo que les dan lugar. Ya era lo que buscaba. Ahora ya tengo una imagen más clara del conjunto y puedo ir a buscar los análisis que aquí no hay.

De forma breve, Runciman presenta los hechos de las vísperas sicilianas como un fracaso personal causado por el mal cálculo político de Carlos de Anjou, en el que el rey Pere no es más que un aprovechado de última hora que saca partido y cuyo auténtico autor intelectual es el emperador bizantino Miguel. La prosa es densa pero muy llevadera. Eso sí, te ha de gustar la acción (política) permanente, porque la retahíla de nombres y personajes que son mencionados es en algunos momentos apabullante. No dispongo de información suficiente para contrastar la visión de Runciman, pero tampoco lo considero importante, ya que, repito, veo más el libro como una muy buena introducción al escenario histórico (eso sí, muy bien contextualizado, en mi opinión), que como una disección en profundidad de la política angevina en el mediterráneo.

Recomendable, vaya.

sábado, 13 de marzo de 2010

¿La liga está muerta?

Teniendo en cuenta que hace más de un mes que realicé mi última entrada relativa a la liga, y que desde entonces SÓLO SE HA JUGADO UNA MISERABLE PARTIDA, la pregunta es casi retórica.

Veo claro que no hay el mismo interés por parte de todos los participantes. Eso hace que plantee la posibilidad de cara a la próxima liga que sólo sea ofrecida a los que han mostrado más participación en esta. Aun recuerdo las largas discusiones en el foro entre quienes decían que cinco meses serían demasiado tiempo o demasiado poco. Está claro que la diferencia no es el tiempo, sino las ganas de participar. :(

De momento estos son los resultados a fecha de hoy.

Quiero destacar que, por el momento, SOY EL ÚNICO QUE LO HA JUGADO TODO. Y me ha sobrado mucho, mucho tiempo. Salvo que haya un estirón a última hora, diría que ya están decididas la semis. Ya veremos.

Un último apunte. Los que no habéis jugado ni una sola partida, ¿tendríais la amabilidad de jugar al menos una? Más que nada para que no se diga que os apuntaron contra vuestra voluntad :).

martes, 9 de marzo de 2010

Mal día para DBMM

Supongo que ya lo sabréis, pero quería dejar pasar unos días para confirmar la noticia. Hemos perdido a uno de nuestros pilares blogueros. El blog de la subcrónica del DBMM ha llegado a su fin. :(

Xavi, su creador, se ha visto en una encrucijada personal que le ha impedido continuar con su tarea de apoyo al juego. Ha sido más de un año de actividad dedicada a promocionarlo y mostrarlo desde su personalísimo punto de vista. Aun recuerdo el orgullo con el que os lo presenté aquí.

Una gran pérdida, sin duda. Lo cierto es que llevábamos una larga racha de noticias buenas exclusivamente para nuestra comunidad. La vida, implacable como siempre, ha vuelto a equilibrar la balanza.

Descansa en paz, Subcrónica del DBMM.

sábado, 6 de marzo de 2010

DBMM Games Day en Palma. Y tercera parte.

Con el flujo sanguíneo concentrado nuevamente en mi extasiado sistema digestivo, nos reincorporamos al fregao. El despliegue de Magnesia ya había concluido.

Mientras esperaba la finalización del despliegue de mi contrincante, tomé unas instantáneas del ambientazo allí concentrado.

Como no puede ser de otro modo, me quedé con uno de los ejércitos de Toni…

…¡nada menos que un tuareg!

Es el primero que veo pintado, y le quedó inmejorable. Por desgracia, el primer plano que tomé me quedó fatal. :( Tengo que cambiarme de cámara en cuanto pueda. Otras imágenes que perdí (y no entiendo cómo) fueron las hecha a la maravilla de escenario del pacífico creada por Marc y el otro Óscar. Afortunadamente, me han prestado esta.

Lo siento mucho, de verdad. Era una auténtica obra de arte.

Y aquí mi segundo contrincante, Biel, con un ejército de la Corona de Aragón, comandado por el rey Jaume III.

No pudimos acabar la partida a causa de la imperiosa necesidad de volver al aeropuerto para el vuelo de vuelta (Xavi sí que pudo porque se volvió en su yate particular). Quedamos en un empate ligeramente ventajoso para mí.

Mientras tanto, en Magnesia el choque entre las legiones y las falanges se aproximaba.

Una vez ambas líneas cara a cara, el impacto dio inicio a la melé. Destaco aquí en esta imagen a uno de los contendientes, es decir, a una en el bando macedonio (a la izquierda)…

Aquí la podéis ver desde el ángulo opuesto dando órdenes con firmeza y determinación. Os presento a Càrol, conocida como “la tigresa” por sus adversarios en FoW.

Parece ser que está empezando a interesarse por la antigüedad. Una excelente noticia, ¡una mujer jugando a DBMM! Espero que le guste y la veamos pronto comandando ejércitos anteriores al 1500 J. A título anecdótico diré Roma fue finalmente derrotada.

Y, como mandan los cánones, foto final de grupo, y eso que no salen todos los que vinieron.

La guinda del pastel vino con el regalo a todos los participantes del dado conmemorativo del evento.

Todo un detallazo, la verdad.

Un éxito, como habéis podido ver. Ya tengo ganas de repetir. Esta fórmula de evento me gusta mucho y creo que ya se puede dar por consolidada. Mis más sinceras felicitaciones a los amigos de Despertaferro por la excelente organización y sus maravillas gastronómicas. Un placer que tenemos que repetir.

martes, 2 de marzo de 2010

DBMM Games Day en Palma. Segunda parte.

Tras una noche metabólicamente destinada a la sublime tarea de convertir en energía de reserva todo el placer vivido en la cena anterior, despertamos en el hotel preparados para el gran día. Tras la tristísima tarde lluviosa del día anterior, la mañana amaneció radiante y despejada desde el balcón de la habitación.

Apunto ahora que quedé muy frustrado la noche anterior tras comprobar que en la tele de la misma no había canal porno. Indignante.

Tras un opíparo desayuno constituido por la autoimposición a sólo tres pastas y un vaso de leche (con TODA su nata, pero sin azúcar), Miquel nos vino a buscar de nuevo y nos llevó al centro en el que tendría lugar el evento. Os quiero hacer saber que reprimo a regañadientes las sensaciones que me produjo sumergirme en el bufet libre del restaurante, en el que, literalmente, me hallaba rodeado de azúcar, que lo sepáis.

El Games Day tuvo lugar en el “Centre Cultural La Misericòria”, un extraordinario edificio dedicado a exposiciones y actividades públicas en el centro histórico de Palma. He aquí la entrada.


Un entorno extraordinario. Excelentemente restaurado, luminoso y con una espaciosa plaza interior con arcos.


Ya nos había llevado Miquel la tarde del viernes para descargar las minis. El sábado por la mañana, todo estaba ya montado.

La sala estaba excelentemente iluminada. En su origen, La Misericòrdia había sido un hospicio del siglo XVIII, de ahí la presencia de grandes ventanales.

Fue en este momento cuando se incorporó Xavi, que prefirió pagarse un pasaje en primera en un crucero en lugar de acompañarnos a la plebe en avión low cost. Parece ser que incluso tuvo suerte en el casino la noche anterior, motivo por el cual presentía que ganaría sus partidas en Palma. De ahí su sonrisa.

Y aquí otra de las atracciones del evento. Nada menos que la recreación de la batalla de Magnesia. Como todas las cosas que he visto en Palma, a lo grande. Nada menos que en una mesa de 3,60 x 2 m. He aquí el despliegue romano.

El volumen de minis necesarias fue enorme, con más de 400 elementos traídos en total, de los cuales se emplearon unos 300. Tremendo.

Tenemos mucho que aprender aquí, me parece a mí. Ya os digo que meter dos mesas de 1,8 de lado da para MUCHO campo de batalla (¡y lo llenaron todo!), en la que participó Òscar. A mí me fue asignado como contrincante matinal Paco, que trajo un ejército de las Compañías Libres, en el que el más tonto era (S).

Yo traje mi teutónico en versión de la última beta, ya que de lo que se trata en estos eventos es de dar espectáculo, no de ganar. He aquí una imagen impagable. Dos ejércitos medievales europeos puros a 400 puntos.

Nos sobraba a ambos tanta mesa que me planteé regalarles un par de sectores a los de Magnesia :). Fue una partida disputada. Paco me venció pero le dejé tocado. Sus temibles caballeros desmontados son duros, muy duros.

Nuevamente, el ritual de iniciación social que justifica estos eventos, la comida conjunta. En este caso nos reunimos casi una veintena de comensales.

No hubo frit. Hubo paella y fideuá. Yo pedí ambos, por supuesto. Ya que había pecado la noche anterior…¡de cabeza al infierno! :).

Y aun quedaba la tarde…

sábado, 27 de febrero de 2010

DBMM Games Day en Palma. Primera parte.

Como ya sabéis, la semana pasada asistí a la primera edición del DBMM Games Day de Palma de Mallorca, por amable invitación de nuestros amigos de Despertaferro. Toda una experiencia, ya lo adelanto. Fue mucho lo vivido y que hay que explicar, de modo que empecemos.

Tras un vuelo de ida sin incidentes desde el Prat, llegamos a Palma en una tarde lluviosa que nos impidió hacer turismo por la ciudad. Inevitablemente, quería comprar ensaimadas. Pues no pudo ser. Nos vino a recoger Miquel, que nos hizo de chófer durante toda la estancia allí. Nuestra más sincera gratitud por llevarnos arriba y abajo durante todo ese día y el siguiente.

Primera parada, el club Despertaferro. Se halla en el centro histórico de la ciudad y es la planta baja de una casa añeja habilitada a tal efecto.

El primer impacto visual del interior estaba bien conseguido. En la sala de recepción, flanqueando el logo oficial del club, colgaban diversos pendones de orígenes variados a modo de trofeos de guerra. Helos aquí.




La mayoría, según nos explicó Miquel, pertenecen a escudos italianos del célebre Palio de Siena. Los trajo después de su visita allí.

Aquí, el cartel de presentación del evento.

Un local muy interesante, con unos techos a 3 metros de altura, cosa que, de seguro, les da ventaja durante los calurosos días de verano. Disponen de diversas salas, todas ellas bien ambientadas, pero con una superficie limitada. Siendo más de una veintena de socios, nos comentaron que no se plantean buscar más aficionados. Se reúnen todos los sábados y concentran sus actividades de minis en DBMM, FoW y DBR (efectivamente, ¡existe alguien real que juega a DBR!)

Aquí la imprescindible foto a nuestros anfitriones. En esta ocasión, Miquel a la izquierda de la imagen y Toni (el de los catorce ejércitos pintados), a la derecha.

Y aquí la foto indispensable de los que llegamos el viernes (Xavi llegó el mismo sábado). De izquierda a derecha, Òscar, yo, otro Óscar y Marc.

El segundo Óscar y Marc se unieron a nuestra expedición para realizar una demo del juego Sección de Asalto, de la segunda guerra mundial.

Tras descargar los bártulos en el hotel y tener una agradable tertulia sobre la historia antigua y medieval en el cine y la literatura (elemento imprescindible en el ritual de autoafirmación social entre frikis), nos dirigimos al restaurante Ca’n Pep para cenar.

Sabed que la marea de sensaciones gastronómicas vividas durante esa cena daría, por sí sola, para diversas entradas de blog. No me es fácil describir el placer más allá de todo límite mesurable que supone para alguien que está a dieta, como yo en estos momentos, ser arrastrado irremediablemente hacia un festival de los sentidos como el saboreado allí. Tras seis meses a base de lechuga sin sal, pepino sin sal, tomate sin sal, derivados lácteos desnatados y, los días con mayor suerte, atún con poca sal, allí me incliné, derrotado, ante las exquisiteces y la sobreabundancia de grasa, sal y azúcar de los platos presentados. Casi lloré. Mi pobre estómago, tras tantos meses de escasez, fue incapaz de dar buena cuenta de la pléyade de regalos que le habían sido entregados. No pude acabármelo. Fue inevitable, en ese momento, recordar los momentos de mi niñez en que mi madre me reprendía por no acabarme las acelgas. “Ya no me caben en la barriga, mamá”, decía. Curiosamente, siempre disponía de espacio para un par de donuts, incluso inmediatamente después de que no me cupieran dichas acelgas. No pensé entonces que, algún día, me vería obligado a repetirlo a mis comensales para intentar justificar tan pecaminosa, como forzada, inapetencia. Mi particular via crucis alcanzó si clímax cuando tuve que tomar la más dura de las decisiones. Acabarme la bandeja infinita de brochetas de carne, patatas y demás guarniciones y renunciar al postre o lo opuesto. ¿Maravillosa grasa con sal o divino azúcar? En estos casos no funciona la razón, sólo el instinto, que no dudó ni por un momento. El hipotálamo es quien toma las decisiones importantes en situaciones límite, como la mía. El córtex necesita demasiada información y tiempo para ello. Así, claudiqué y abandoné buena parte del botín de las brochetas con guarnición para rendir pleitesía y homenaje a la montaña de nata con flan en copa que me fue concedida en gracia por mi sacrificio. Ante mí el Santo Grial que lo cura todo, que lo perdona todo…

Prefiero no seguir, si no os importa. Sólo por esa cena ya valió la pena ir a Palma. Ya no necesitaba ensaimadas, ni madalenas ni otros productos de repostería que tenía pensado llevarme de recuerdo. Me dejo mucho por describir, pero como buen egoísta, me lo dejo para mí. Me permito, eso sí, apuntar por último uno de los muchos hallazgos gastronómicos de esa cena excelsa. Los lugareños lo llaman “frit”. Sólo diré que cuando la grasa y la sal subliman, se elevan, escapan de la terrible prisión en la que los endocrinólogos las encerraron, vuelven a nosotros, para salvarnos, en forma de frit. Y yo fui salvado.

Aquí, la foto de mi salvación.

Seguid atentos al blog. Por cierto, en cuanto a la liga, os informaré la semana que viene.

martes, 23 de febrero de 2010

Más egocentrismo. Mis libros.

Mientras preparo la crónica de lo acaecido en el Games Day de Palma (que ya adelanto que fue un exitazo), hoy os quiero presentar otra faceta imprescindible para todo egocéntrico de pro: los libros que leo. Ya hacía tiempo que quería mostraros mi biblioteca particular, pero creo que es más interesante hacer una reseña sobre lo que leo que una foto más que no os daría una idea precisa del inabarcable conocimiento que me rodea.

Hoy comenzaré por uno que he terminado recientemente y que me autoregalé (la única forma de tener regalos decentes hoy en día) las pasadas navidades. Además, Carlos, en su blog, también lo anunció como una de sus adquisiciones. Se trata de La Caída del Imperio Romano, de Adrian Goldsworthy.

Yo ya tenía referencias de Goldsworthy como miembro activo de Slingshot (publicación de la ya atesoro 15 años de subscripción), así como de importantes aportes a las listas de ejército de DBM (no de DBMM, hasta donde yo sé) y en diversos títulos de Osprey Publishing. Un especialista en el campo de la historia militar, vaya. Este es el primer libro suyo que leo fuera de ese círculo de artículos especializados para frikis.

No puedo a entrar a valorar técnicamente la argumentación que defiende Goldsworthy en tanto que no dispongo de suficiente bagaje de conocimiento específico del período ni del contexto histórico, pero destaca sin duda el saber hacer de un historiador con mucha mili hecha. Su tesis no es nueva, el Imperio Romano (el Occidental, puntualicemos) se desmoronó por causas internas y no por la acción de las fuerzas externas que le resultaran imposibles de superar. El propio autor se ubica en el grupo de los defensores que señalan directamente a la evolución interna del Imperio como causa última de su largo declive (de tres siglos, no lo olvidemos). De ahí que afirme, cosa que yo también subscribo, que un imperio que necesita tres siglos para caer no ha caído, es decir, no se ha desmoronado. Se trató, pues, de una larga decadencia.

A lo largo del texto abunda la prudencia del que sabe que sin estadísticas fiables, fuentes contemporáneas de calidad y cantidad muy heterogéneas, cuando no inexistentes (el propio Goldsworthy echa de menos la abundancia y la excelencia de fuentes de los siglos anteriores a la decadencia) o datos arqueológicos parciales y/o limitados no es posible afirmar nada con rotundidad. Independientemente de ello, el análisis que realiza, a mi entender, parece sólido. Destaco, finalmente, un epílogo final que el autor destina a la comparación entre el Imperio Romano y los Estados Unidos actuales, pero eso no lo destriparé :).

Utilizando una de esas metáforas de literato de opereta, ha arrojado luz en las penumbras de mi conocimiento sobre el tema. Ahora, al menos, puedo incluir a mi larga lista de nombres a utilizar en momentos especialmente pedantes los de Pertinax o Aecio, entre muchos otros. Aunque Roma no sea vuestro leitmotiv, como es mi caso, un libro altamente recomendable. Eso sí, no lo encontraréis por menos de 30 eurazos :(.